Los alumnos y alumnas de 3 años hemos convertido nuestra aula en un laboratorio de sabores. Dejando a un lado libros y pinturas, se ha convertido en una cocina profesional donde el olor a ingredientes frescos y la ilusión de los alumnos y alumnas han llenado cada rincón.
Primer paso: la higiene
La maestra nos recuerda la regla de oro de cualquier gran cocinero: la limpieza total. Entre risas y espuma de jabón hemos aprendido que lavarse las manos no es pura rutina, sino la base de una alimentación saludable.
Segundo paso: la creatividad
Las mesas del aula están llenas de ingredientes. Hay de todo: desde frutas frescas y coloridas hasta ingredientes salados que despiertan las ganas de comer. Cada alumno se ha convertido en el arquitecto de su propio almuerzo. Hemos aprendido a presentar la comida de forma divertida, creando imágenes y rostros en los platos con los diferentes ingredientes.
Tercer paso: ¡El almuerzo!
Un final dorado, sin duda, sentarnos todos juntos para disfrutar de nuestras creaciones. Es un almuerzo elaborado con nuestras manos. El silencio se ha impuesto durante unos minutos en clase, ¡señal de que todo estaba delicioso!